Los expertos no se han puesto de acuerdo todavía sobre el momento en el que se inició la práctica de la depilación entre las gentes, el comienzo de la historia de la depilación, que, en su evolución, condujo a la depilación láser moderna que conocemos hoy.Según el historiador Russell B. Adams, hay que suponer que la depilación comenzó en los albores del tiempo porque en las figuras de las pinturas rupestres se distinguen representaciones de hombres que aparecen con barba y sin barba.
La tecnología que existía en la época sólo permitía para esta operación de afeitado el uso del hacha de pedernal o los cuchillos fabricados con huesos de animales, una operación, sin duda, peligrosa, si se la compara con la depilación láser actual.
El rasurado de la cara tenía, según Adams, una finalidad práctica. Durante el combate cuerpo a cuerpo, una cara sin pelo favorece que el enemigo no tenga un asidero para sujetar al oponente.
Para Adams, la depilación, la eliminación del vello de la cara no tendría ninguna relación con la belleza, mucho más cuando en los pueblos de la antigüedad no existía ningún elemento que pudiéramos considerar como espejo en el que reflejar de forma corriente la figura humana de cada persona individualizada.
Otras civilizaciones antiguas dedicadas a las mismas prácticas de afeitado facial y a idénticas tareas belicosas, hicieron lo mismo. Alejandro Magno se dice que se quitó la barba y ordenó a sus soldados a seguir su ejemplo con el fin de evitar la sujeción de la cabeza durante las batallas.
Aunque la barba originalmente era símbolo de virilidad y salud, los romanos, algún tiempo después, siguieron el ejemplo de Alejandro el Grande y el de otros griegos, eliminando la barba en caso de guerra.
El hombre bien afeitado se convirtió así en el símbolo de la civilización y el progreso, mientras que un hombre con barba se convirtió en el símbolo de la esclavitud, la servidumbre y la barbarie en todo Imperio. Una distinción que reflejan artistas y escritores de la época.
Ovidio el poeta romano habla del afeitado de esta manera cuando lo elogia en uno de sus poemas: "Vamos a ejercitar su cuerpo bronceado:/Sin barba: para ver donde están sus dientes/Limpieza:/Su pelo bien cepillado con corte a la derecha/abajo:/Sus mejillas afeitadas con hoja de afeitar/A la vista:/Su toga impecable, blanca y limpia:/Sus sandalias ajustadas a sus pies".
En la sociedad romana la eliminación del vello facial era sinónimo de limpieza y hasta componente esencial del noviazgo, nada menos. Con el declive del Imperio Romano y el resurgimiento de la barba de las tribus bárbaras se volvió al estilo primitivo en el que el vello de la cara volvió a ser común, muy probablemente porque el proceso de afeitado era todavía rudimentario y peligroso.
Durante la Edad Media, en Europa, se consideraba que un hombre estaba bien afeitado si se afeitaba una vez por semana. Hasta el inicio de las Cruzadas, no se introdujo entre los soldados europeos el baño regular y el corte de pelo, una influencia que llegó de Oriente.
Adams, un autor norteamericano, enlaza en sus escritos de divulgación sobre la historia y la evolución de la depilación masculina, con la realidad cotidiana en esta materia en los momentos que siguieron a la independencia de los Estados Unidos.
Así, George Washington y Benjamin Franklin, según Adams, siguieron la tendencia de permanecer con su rostro bien rasurado. Adams cita a Franklin que dijo: "entre mis satisfacciones está disponer de una navaja de afeitar y rasurarme hasta apurar el afeitado”, lo decía por no sufrir el trabajo de un barbero sin talento, sin destreza.
Adams recuerda que todo cambió con la generación americana que siguió a la de los padres fundadores. El mismo Abraham Lincoln se dejó crecer la barba cuando volvió a poner se de moda.
Pero, hacia 1880, la mayoría de los hombres estadounidenses volvió a afeitarse otra vez, y todo apoyado por una industria que ya ponía a disposición de los ciudadanos masculinos todo un repertorio de sistemas de depilación facial, que, si bien no eran los modernos que propone la depilación láser, si eran una oportunidad para dejar lejos la tosca tecnología lítica de las primeras navajas de pedernal y los huesos afilados.
Es la evolución de la necesidad de eliminación del vello, una historia de la depilación que comenzó con una necesidad práctica y ha acabado como una solución estética de la mano de la moderna depilación láser.
Barbas y caras imberbes, ciclos de la historia de la depilación.