lunes, 13 de diciembre de 2010

La eliminación del vello como marca de identificación en la historia de la depilación

Los libros de historia generalistas no lo recogen, no citan la historia de la depilación humana como un hito importante en la evolución de su convivencia en sociedad. La historia de la depilación no aparece entre los hitos que marcan monarquías, batallas o revoluciones. Pero ahí ha estado, entre las gentes, en la vida privada, como una manifestación cultural más dentro de la gran historia que forma el relato de los acontecimientos que ha protagonizado el hombre. Desde las cavernas a la depilación láser, la historia de la depilación ha acompañado la evolución y los cambios de los tiempos.

Los hombres que dejaron las cavernas, pasaron en los tiempos remotos a vivir en cabañas más confortables con unas normas de convivencia mucho más elaboradas y unas exigencias sociales, con una evolución marcada, que debió proponer una limpieza en los cuerpos que se alcanzó, en parte con la depilación, y que no ha parado hasta alcanzar la eficiencia de la actual depilación láser.

No es difícil imaginarse a los atletas griegos depilándose todo su cuerpo en competiciones que los hombres disputaban desnudos, como los relata la evolución de su imagen reflejada en pinturas y bajorrelieves. Tampoco nos resulta muy difícil desentrañar los motivos que llevaron a las mujeres de la Edad Media a depilarse la parte frontal de la cara, la frente, su parte alta.

Una moda que hoy nos resulta muy extraña y poco femenina, pero que marcó todo un hito, como nos recuerdan también las pinturas de la época. Cuadros como los de la reina Isabel I de Inglaterra, algún tiempo después que siguieron fijando sus preferencias estéticas en esas maneras de eliminar el vello de la cara.

Algún tiempo antes, en realidad mucho tiempo atrás, los normandos que asaltaron esa misma Inglaterra desde la costa francesa en tiempos del rey Williams también se depilaban el pelo que crece sobre la parte alta de las orejas. El motivo seguramente sea evitar que las largas melenas que solían tener sobre colgando sobres sus cabezas aquellos antiguos guerreros, pudieran convertirse en un asidero que el enemigo pudiera utilizar en la lucha cuerpo a cuerpo de las batallas para sujetarlos y reducirlos.

Al hilo de este comentario, otro motivo que también ha estado presente en la historia de la depilación de los guerreros es el de utilizar la eliminación del pelo, del vello corporal, como una fórmula identificativa de los miembros del grupo, de la mesnada. En una lucha cuerpo a cuerpo, en la que todos parecían iguales, todos podían vestir de forma parecida, en ejércitos que no estaban uniformados; la forma en la que se cortaba el pelo, podía ser una marca identitaria para no confundir a los amigos con los enemigos.

De la misma manera que los tatuajes siempre han sido parte de la liturgia del hermanamiento de sangre de los guerreros, la forma en la que se han producido los cortes del cabello, como es el caso de los normandos, funcionaba como una señal de identificación de grupo.

¿Recuerdan cómo aparecen los indios mohawks en las películas con el pelo de la cabeza recortado para dibujar una banda central, arriba y en el centro de la cabeza? Un ejemplo, de uno de los formatos de esta fórmula de identificación. Afeitarse juntos antes de la batalla, formaba parte del ritual de hermanamiento entre iguales y una forma de afianzar y reconocer el vínculo común.

Otra forma de identificación de grupo es la conocida tonsura de los monjes, que se rapaban la parte alta de sus cabezas, dejando libre y con pelo las partes bajas de las mismas. Lejos quedan, en esta evolución de la historia de la depilación del cuerpo y de la cara de la novia antes de la celebración del matrimonio. Un ritual que hoy nos resulta extraño, como sucede con las prácticas de los egipcios, aún más atrás en el tiempo.

Épocas remotas en la historia de la depilación. La evolución ha sido imparable desde los tiempos de aquel rey persa al que una profecía de aseguró que iba a morir de la mano de un asesino armado con un cuchillo. Desde entonces, el rey nunca se afeitó con navaja, sólo empleaba carbón ardiente para chamuscar, quemar y recortar el vello que le crecía en la cara.

Hoy, un rey así no se sentaría en un trono y probablemente nadie votaría a alguien, a un político, con un look inadecuado. Muchos políticos modernos se han dejado seducir por la depilación láser para mejorar su imagen pública, todo hay que decirlo. Aunque siempre podremos hacernos eco de aquel refrán que dice cuando las barbas de tu vecino (tu rey) veas quemar, por las tuyas a remojar.

La eliminación del vello como marca de identificación en la historia de la depilación.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Barbas y caras imberbes, ciclos de la historia de la depilación

Los expertos no se han puesto de acuerdo todavía sobre el momento en el que se inició la práctica de la depilación entre las gentes, el comienzo de la historia de la depilación, que, en su evolución, condujo a la depilación láser moderna que conocemos hoy.

Según el historiador Russell B. Adams, hay que suponer que la depilación comenzó en los albores del tiempo porque en las figuras de las pinturas rupestres se distinguen representaciones de hombres que aparecen con barba y sin barba.

La tecnología que existía en la época sólo permitía para esta operación de afeitado el uso del hacha de pedernal o los cuchillos fabricados con huesos de animales, una operación, sin duda, peligrosa, si se la compara con la depilación láser actual.

El rasurado de la cara tenía, según Adams, una finalidad práctica. Durante el combate cuerpo a cuerpo, una cara sin pelo favorece que el enemigo no tenga un asidero para sujetar al oponente.

Para Adams, la depilación, la eliminación del vello de la cara no tendría ninguna relación con la belleza, mucho más cuando en los pueblos de la antigüedad no existía ningún elemento que pudiéramos considerar como espejo en el que reflejar de forma corriente la figura humana de cada persona individualizada.

Otras civilizaciones antiguas dedicadas a las mismas prácticas de afeitado facial y a idénticas tareas belicosas, hicieron lo mismo. Alejandro Magno se dice que se quitó la barba y ordenó a sus soldados a seguir su ejemplo con el fin de evitar la sujeción de la cabeza durante las batallas.

Aunque la barba originalmente era símbolo de virilidad y salud, los romanos, algún tiempo después, siguieron el ejemplo de Alejandro el Grande y el de otros griegos, eliminando la barba en caso de guerra.

El hombre bien afeitado se convirtió así en el símbolo de la civilización y el progreso, mientras que un hombre con barba se convirtió en el símbolo de la esclavitud, la servidumbre y la barbarie en todo Imperio. Una distinción que reflejan artistas y escritores de la época.

Ovidio el poeta romano habla del afeitado de esta manera cuando lo elogia en uno de sus poemas: "Vamos a ejercitar su cuerpo bronceado:/Sin barba: para ver donde están sus dientes/Limpieza:/Su pelo bien cepillado con corte a la derecha/abajo:/Sus mejillas afeitadas con hoja de afeitar/A la vista:/Su toga impecable, blanca y limpia:/Sus sandalias ajustadas a sus pies".

En la sociedad romana la eliminación del vello facial era sinónimo de limpieza y hasta componente esencial del noviazgo, nada menos. Con el declive del Imperio Romano y el resurgimiento de la barba de las tribus bárbaras se volvió al estilo primitivo en el que el vello de la cara volvió a ser común, muy probablemente porque el proceso de afeitado era todavía rudimentario y peligroso.

Durante la Edad Media, en Europa, se consideraba que un hombre estaba bien afeitado si se afeitaba una vez por semana. Hasta el inicio de las Cruzadas, no se introdujo entre los soldados europeos el baño regular y el corte de pelo, una influencia que llegó de Oriente.

Adams, un autor norteamericano, enlaza en sus escritos de divulgación sobre la historia y la evolución de la depilación masculina, con la realidad cotidiana en esta materia en los momentos que siguieron a la independencia de los Estados Unidos.

Así, George Washington y Benjamin Franklin, según Adams, siguieron la tendencia de permanecer con su rostro bien rasurado. Adams cita a Franklin que dijo: "entre mis satisfacciones está disponer de una navaja de afeitar y rasurarme hasta apurar el afeitado”, lo decía por no sufrir el trabajo de un barbero sin talento, sin destreza.

Adams recuerda que todo cambió con la generación americana que siguió a la de los padres fundadores. El mismo Abraham Lincoln se dejó crecer la barba cuando volvió a poner se de moda.

Pero, hacia 1880, la mayoría de los hombres estadounidenses volvió a afeitarse otra vez, y todo apoyado por una industria que ya ponía a disposición de los ciudadanos masculinos todo un repertorio de sistemas de depilación facial, que, si bien no eran los modernos que propone la depilación láser, si eran una oportunidad para dejar lejos la tosca tecnología lítica de las primeras navajas de pedernal y los huesos afilados.

Es la evolución de la necesidad de eliminación del vello, una historia de la depilación que comenzó con una necesidad práctica y ha acabado como una solución estética de la mano de la moderna depilación láser.

Barbas y caras imberbes, ciclos de la historia de la depilación.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La piedra pómez comenzó a pulir la historia de la depilación

Una de las técnicas de depilación más comunes en las culturas antiguas en el comienzo de la historia de la depilación era la eliminación del vello por abrasión. Se trataba de emplear una piedra que pudiera raspar, para arrastrarla sobre la piel y tirar el pelo de forma mecánica. De la misma forma que un carpintero elimina una capa superficial de madera o la pule con la lija, la piedra pómez de los antiguos sistemas de depilación arrancaba lo que sobraba, el vello no deseado.

La piedra no se aplicaba sobre la piel seca, había que humedecerla, o, en su caso, deslizarla sobre una capa jabonosa que permitía aplicar la punta de roca de manera más suave y con menos riesgo para herirse.

Lo mejor de este sistema es que el vello acaba siendo arrancado, sin ninguna duda. Lo peor, los arañazos y la degradación de la piel por efecto de la misma fricción. Hace tres mil años, se depilaba por motivos rituales, por higiene, por cuestiones relacionadas con la magia que marcada las religiones primitivas, y, tal vez, por cuestiones estéticas, porque el canon social de belleza así lo determinaba.

La depilación abrasiva es uno de los métodos de eliminación más antiguos, pero se sabe que lo mantuvieron algunas civilizaciones que hemos conocido por su refinamiento y complejidad social y cultural, como los egipcios, los griegos y los romanos.

Se empleaba la piedra pómez, la pumita volcánica, en piedra, pero también en polvo, haciendo friegas sobre la piel. La diferencia entre hacerlo con la piedra o con su polvo, tal vez fuera una cuestión de gustos o por la capacidad del depilado para soportar tales frotamientos.

Se depilaba con piedra pómez, pero también, y esto hoy resulta muy inquietante, con otros materiales agresivos. Con vidrio en polvo y parece que también con algunos óxidos de metales de cierto poder abrasivo que se combinaban con aceites o líquidos jabonosos.

Algunos especialistas especulan con la posibilidad de que las pieles secas de los tiburones, que en otros tiempos se utilizó también como papel de lija, la emplearan algunos pueblos marítimos con fines cosméticos. Eliminando el vello no deseado mediante el mismo efecto de raspado que las piedras pómez. La historia de la depilación está llena de aplicaciones de los materiales más diversos y de la más variopinta procedencia.

Se utilizara el método que se utilizara, piedra, vidrio o papel de lija, el efecto sobre la piel resulta evidente, aunque nunca lo hayamos visto o experimentado. Debía provocar enrojecimientos, cuando no heridas, en especial en las zonas de la piel más sensibles o donde es más fina.

La duración de la depilación por fricción podía durar hasta tres semanas y hoy es un método que solamente conservan los pueblos más primitivos del planeta.

La depilación abrasiva tiene, a pesar de todo, ciertas ventajas. Es económica, tanto como resulta de encontrar una piedra lo suficientemente rasposa como para que quien se depila quede satisfecho. Piedras nunca faltan. Y, además, se puede emplear casi en cualquier parte del cuerpo, modulando la presión y la fricción en función del contacto con la piel y el inicio del propio umbral del dolor.

Como inconvenientes, además de las citadas molestias, se pueden citar que no es compatible con las pieles dañadas o heridas, lo cual resulta obvio, como tampoco resulta conveniente aplicar la técnica sobre partes de la superficie corporal quemadas por el sol o hipersensibles.

Un dato a tener en cuenta. La depilación por abrasión es de tanteo, la vista y el tacto son los que van guiando la evolución de la eliminación del vello, por tanto, se trata de una técnica imperfecta que da lugar a una depilación irregular. Nada que ver con la depilación láser moderna.

La depilación primitiva por abrasión es una técnica de eliminación del vello que por definición estuvo siempre condenada a no tener ninguna evolución. Por su simpleza y su rudeza, fue superada por otras técnicas más amables y menos agresivas hasta llegar a nuestros días. Hoy, la depilación láser es el final de una evolución hacia la excelencia y la tranquilidad de una depilación no dolorosa y segura.

jueves, 7 de octubre de 2010

La depilación antigua y la higiene religiosa

Sorprende ver en las pinturas rupestres que se conservan en algunas cuevas prehistóricas perdidas como algunas siluetas de hombres aparecen con la cara cubierta por el vello de la barba, pero otros no. Sus rostros se reflejan en los trazos de las pinceladas bien rasurados. Aquellos hombres eliminaban el vello de su cara con los bordes afilados de piedras de pedernal hábilmente talladas y con las valvas de moluscos convertidas en improvisadas hojas de afeitar.

Objetos preciados que conocemos porque llegan a aparecer en el ajuar de los muertos, a veces, bien dispuestos en bolsas de cuero. Preparadas para ser usadas en la otra vida que les esperaba a los fallecidos, para seguir rasurándose en el reino de los cielos. Que las piedras, los moluscos o, posteriormente, las navajas de cobre, se conservaran entre los objetos más preciados y con los que se enterraban a los muertos, no nos hablan más que de la importancia que la depilación voluntaria tenía para estas gentes primitivas. No es la moderna depilación láser actual, pero es el principio de la evolución de la historia de la depilación.


En cuevas utilizadas por gentes del paleolítico inferior hace 20.000 años en Asia y en el norte de África es puede ver la imagen, recortada aplicada con sangre de animales cazados o con finos almagres, de cazadores, arqueros con barba y sin ella, dispuestos a asestar la flecha mortal. Es la representación de personas reales, diferenciadas por su estilo al llevar el carcaj de las flechas y sus gestos para el merodeo, pero también por el modo de cuidar, lo que hoy llamaríamos estética.

Probablemente, la eliminación del vello hace miles de años, alcanzara no sólo al masculino de la cara sino también a todo el que crecía en el cuerpo del hombre y al que ocultaba los genitales de la mujer, como demuestran algunas de las prácticas de eliminación del vello por motivos rituales que conocemos de ciertas culturas primitivas que hemos conocido en tiempos modernos. En realidad, sólo podemos hacer conjeturas sobre las auténticas motivaciones que hicieron que hombres y mujeres primitivos se esforzaran en eliminar el vello que no deseaban en una parte o en la totalidad de su cuerpo. Tal vez fueran ofrendas votivas y, de alguna forma, un ejemplo de respeto hacia sus deidades. Hemos conocido culturas ancestrales que relacionaban la depilación con rituales de purificación.

Resulta curioso como las religiones y su mundo mágico de creencias sobrenaturales acaba adoptando modelos de comportamiento sociales de obligado cumplimiento que, en realidad, si lo miramos bien, representan preceptos para convivencias en armonía, en la que la salud y el respeto al status forman parte importante. Violar esos preceptos es atentar contra la ley divina y su falta de observancia está penada, en el reino de los hombres o en en el de las divinidades.

Así, la depilación ritual podría verse como un precepto religioso que se orienta a la mejora de la convivencia. ¿Cómo?, pues con depilación se elimina la posiblidad de que se instalen en el cuerpo muchos de los insectos que la simple experiencia podía demostrar que podía ser transmisor de enfermedades o, cuando menos, de malestares por su condición parasitaria. La depilación hacía más dificil la propagación de liendres y piojos y los rituales reforzaban el vínculo entre las gentes y entre ellos y la higiene más sencilla.
Otra cosa es que, con la evolución del tiempo, y con la sofisticación de las culturas y sus costumbres, la depilación pasara a tener también una connotación erótica y sexual y que se desarrollara alrededor de ella cánones de belleza genuinos que hoy conocemos por las reproducciones griegas o etruscas y aún más antiguas. Ideales de belleza con connotaciones espirituales que seguían estando, aunque de otra manera, en las prácticas de depilación antiguas.

Sea como fuere, por motivos rituales, por higiene, porque lo mandaba la ley religiosa, porque no rasurarse era tabú; las consecuencias son las mismas. Las culturas antiguas, hayan ocupado el espacio geográfico que hayan ocupado, se dedican por igual a la depilación con los medios materiales a su alcance, pero siempre, siempre, con fines idénticos. Y es que la depilación es una práctica cultural, como la comunicación escrita, como la conservación del conocimiento o como la celebración social. Tan sencillo como éso, tan cercano como resulta hoy la depilación láser médica. Son las raíces en las que se hunde la historia de la depilación, una evolución que ha llegado, como un gran legado cultural, hasta la moderna depilación láser que se aplica de forma habitual en los centros de depilación de nuestro país.

martes, 29 de junio de 2010

Depilación 'a la egipcia', no gracias, depilación láser, por favor

Los antiguos egipcios utilizaban un tipo de depilación muy rudimentaria basada no en la cera tradicional que todos conocemos, sino en el azúcar, aunque, a fin de cuentas, su manipulación giraba en torno a los mismos principios e idénticos métodos.

Los egipcios muy entregados a la eliminación del vello no deseado en todo el cuerpo de forma ritual, pero también por motivos de salud; embadurnaban su piel con azúcar y, a fuerza de tirones, conseguían arrancar el vello, en un proceso tan delicado, como largo, paciente, y tedioso. Nada que ver con la moderna depilación láser, pero, sin duda, para llegar hasta las técnicas actuales de la depilación definitiva, la historia de la depilación debió superar el nivel en el que los egipcios, con sus métodos rudimentarios, la habían dejado.

La depilación 'a la egipcia' apenas ha tenido evolución en probablemente 3.000 años de antigüedad, y, desde luego, no puede compararse con la asepsia y cuidados de la depilación láser médica de nuestros días. La depilación 'a la egipcia' tiene como bondad su sencillez, pero también arrastra muchos inconvenientes, que resultan evidentes. De hecho, hoy es un método aplicado pobremente extendido en el mundo occidental donde no ha pasado de una depilación de tendencia de quiénes se han dejado seducir por lo exótico y lo 'natural'.

Algunas mujeres actuales, con una mentalidad naturalista, se han dejado llevar por esta corriente estética que busca, no tanto una eficacia total y asegurada en el procedimiento de depilación; como la coherencia con un estilo de vida natural.

En Estados Unidos, la aplicación del azúcar como método de depilación se denomina sugaring. Es profesional o casero, según el grado de exigencia de la mujer. Se puede aplicar en sesiones tomadas en centros de belleza alternativos o en la misma cocina de su casa. Los ingredientes que se usan en la depilación con azúcar son económicos y están al alcance de cualquiera: Agua, azúcar y limón, aunque las recetas tienen varias versiones particulares, que se diferencian en la forma de dar el punto al azúcar, en el tipo de limón que se emplea o en la aplicación y su instrumentación.

¿Cómo se prepara?, pues, el azúcar y el jugo de un limón se ponen en un sartén. Se añade un poco de agua para cubrir el azúcar, que se coloca a fuego lento. La mezcla resultante hay que removerla de forma constante para evitar que se pegue al fondo y a las paredes del sartén. Hay que dejar la mezcla cocinándose hasta alcanzar el punto de bola suave o blando, como se denomina en repostería al aspecto óptimo del azúcar. Éste estado de consistencia se adquiere entre los 234 y los 240 grados centígrados de temperatura. Cuando se alcance la consistencia deseada y la temperatura indicada, hay que retirar el azúcar del fuego.

Un truco para saber cuando el azúcar está en su punto es apartar un poco del preparado con una cuchara, llevarlo bajo el grifo, dejar correr el agua fría sobre ella. Si se forma una bola blanda y suave al enrollarla con nuestros dedos, la fórmula está lista para ser aplicada. El jugo de limón funciona como corrector y es el que impide que la masa de azúcar se cristalice a las temperaturas alcanzadas durante la preparación y que dificulten su manipulación.

El producto resultante es una mezcla de pasta de aspecto y consistencia gelatinosa que se aplica sobre la piel cuyo vello quiere eliminarse. Como las aplicaciones de ceras tradicionales, cuando se enfría se retira a tirones. Y los tirones son algunos de los inconvenientes de la técnica de depilación 'a la egipcia'.

Se trata de una depilación no apta para pieles sensibles, a las que les puede afectar la violencia de los tirones de azúcar fría sobre la superficie de la piel.
Otro de los inconvenientes es el que se apuntó al principio de este artículo, la poca capacidad del método para eliminar el vello que convierte este sistema en una actividad más prolongada.

La última nota negativa es que no es un proceso de depilación definitivo. El vello vuelve a brotar y vuelta a empezar. Nada que ver con la depilación láser médica el método de eliminación del vello no deseado más eficaz y permanente, el último estadio de desarrollo de la historia de la depilación. Sin duda.

viernes, 19 de febrero de 2010

Un brazo rasurado por error es el inicio de la historia de la depilación láser

La depilación láser y las técnicas de aplicación asociadas a ella son muy recientes. Tan recientes como que el descubrimiento de las posibilidades del láser para la eliminación del vello no deseado no tiene aún cuarenta años de existencia. El inicio de la historia de la depilación láser, la de su nacimiento, se parece mucho al descubrimiento de las microondas que hoy usamos con nuestros hornos caseros, o el de la penicilina; ambos fueron frutos de la casualidad. La casualidad y la capacidad de su descubridor para relacionar causa y efecto son el inicio de la historia de la depilación láser.

El láser, un sistema que concentra la luz en un haz muy fino, fue descubierto en el año 1958, y constituyó uno de los mitos técnicos de la Guerra Fría, que inspiró la cultura popular durante décadas. Cómics, series de televisión o películas, acercaron las potencialidades del láser al imaginario tecnológico y futurista colectivo de las sociedades occidentales, sobre todo de la norteamericana. En esta coyuntura, los médicos de los años sesenta, también lo tenían presente. Siempre sospecharon que el láser podía tener una aplicación útil para la eliminación de tejidos dañados, y, por extensión, ser beneficioso para la depilación selectiva.

Sin embargo, las teorizaciones se acabaron y se dio paso a la práctica como consecuencia de un hecho casual. Sucedió, que un investigador que estaba probando diferentes ondas de láser a principios de los setenta, expuso su brazo de forma accidental al haz de luz. En un abrir y cerrar de ojos, vio como el vello del brazo desaparecía, aunque, y esto es lo sorprendente, sin afectar a la piel, sin quemarla. La valía del descubrimiento estuvo en que el técnico fue capaz de relacionar muchas semanas después las persistentes zonas sin pelo de su brazo, donde ya no crecía el vello, con aquel acontecimiento.

A partir de ahí, se inició la primera investigación para descubrir las posibilidades potenciales de los haces de luz concentrada para la depilación láser. Se probaron diferentes tipos de aparato y de ondas, sobre pieles y vellos de diferente naturaleza, hasta alcanzar, finalmente, la aprobación de la FDA estadounidense, la agencia estatal que autoriza los equipos y procedimientos médicos. Una institución de referencia a nivel mundial.

No obstante, la tecnología de la depilación láser estaba en los años setenta aún en mantillas, los primeros modelos comerciales arrastraban inconvenientes en ciertos casos concretos en los que las pieles muy sensibles resultaban sobreexpuestas produciéndose enrojecimientos, ampollas e inflamaciones, consecuencias hoy totalmente superadas.

Ése sería el comienzo titubeante de la historia de la depilación láser permanente y sus sistemas de aplicación que hoy podemos encontrar y disfrutar con total seguridad en muchas de las clínicas y centros especializados.

En estos cuarenta años, el sistema de depilación láser no ha detenido su evolución. Por un lado, mejorando las técnicas de aplicación sobre la piel para hacer más confortables los tratamientos; y por otro, optimizando el diseño de los equipos, cada vez más móviles, ligeros, sencillos y ergonómicos,

Así, al hilo de esa evolución, nacieron los tipos de aparatos especializados que hoy se reparten en los centros y clínicas para la depilación láser, los Rubí, Alejandrita, Neodimio y de Diodo, que se han ido adaptando a las necesidades médicas y estéticas actuales.

Una evolución, o línea de investigación paralela al láser, es aún más reciente, se trata del sistema de luz pulsada intensa, o también IPL, por sus siglas en inglés; que proporciona una depilación con luz que no es láser en sí, es lo que en lenguaje técnico se denomina fototermólisis selectiva que no es otra cosa que la aplicación de un haz de luz intenso, que penetra en el folículo y lo destruye, sin afectar al tejido circundante.

La historia de la depilación láser nació del brazo rasurado de un especialista. Su evolución no se ha detenido y su futuro son todo promesas para una tecnología con bondad de servicio.

lunes, 18 de enero de 2010

Las pelucas de vello púbico en los antecedentes de la depilación láser


Uno de las zonas más deseadas para la depilación láser femenina es, sin ningún género de dudas, la zona púbica.

La eliminación del vello natural en el bajo vientre y en el espacio de las ingles tiene una finalidad estética, mucho más cuando hoy el cuerpo se exhibe de forma libre y natural en playas y en privado y la piel y el cabello se han convertido en señas de identidad y atributos externos de la personalidad al hilo de los cánones de la moda y de los nuevos gustos culturales de nuestro tiempo.

La depilación láser hoy hace maravillas y su técnica es capaz de satisfacer los deseos estéticos de cualquier mujer. Sin embargo, para llegar a este punto, la evolución de la depilación no ha tenido una trayectoria continua, ha cubierto todos los caminos posibles o imaginables, incluso el contrario: Depilar para luego poner vello sobre la zona depilada.

Siguiendo la historia de la depilación, en el siglo XV, hacia la mitad de la centuria, se puso de moda nada menos que las pelucas púbicas, en una época en la que los hábitos de higiene dejaban mucho que desear. Era corriente en esos días, que los hombres y las mujeres desarrollaran piojos y una forma de evitarlos era eliminar el pelo del que pudieran prenderse y criar, como en las axilas o en la zona púbica.

Para 'normalizar' su aspecto, las mujeres volvían a cubrir sus sexos con postizos de pelo natural en especial para agradar al compañero. Vello de quita y pon.

Quienes más usaban estos postizos eran las prostitutas muy expuestas a los parásitos, pero también a enfermedades como la gonorrea o la sífilis que dejaban antiestéticas verrugas sobre la piel que podían espantar al más ardiente de sus clientes.

La necesidad de depilarse se volvió aún mas acuciante cuando comenzó a propagarse una enfermedad que en aquellos tiempos se denominó 'sudor inglés' y que se extendió por buena parte de Europa. Una enfermedad muy contagiosa que atacaba sólo a los jóvenes, nunca a los niños o a los ancianos, y que era acompañada por una gran sudoración, de ahí el nombre, y por manchas en la piel, muy especialmente en la zona pubiana.

En la actualidad, en nuestros dias, se dan casos muy simpáticos, sobre todos entre chicas jóvenes, que deciden eliminar su vello púbico por el sistema más seguro y eficaz de la depilación láser para luego decorarse la misma zona con un tatuaje que simula un triángulo de vello teñido con la tradicional tinta azul.

Sin embargo, para aquellas mujeres, preocupadas por su aspecto físico y por su salud de los siglos XV y XVI en Europa, sus opciones estéticas y cánones de belleza eran otras. En una evolución muy particular, ampliaron por motivos estéticos las zonas del cuerpo en las que creían que el pelo sobraba, mientras el aceite de nueces y las vendas impregnadas de vinagre servían para afeitar el nacimiento del cabello, para eliminar el vello de varias partes del cuerpo se optaba por una mezcla de cal viva y arsénico y por unos pequeños cuchillos con mango para rasurar.


Esas primitivas hojas de afeitar las empleaban en eliminar todos los cabellos de las cejas y, en especial, de las sienes, a ambos lados de la zona frontal. Se consideraba bella, la mujer con una frente muy amplia, limpia y blanca tan ensanchada que se extendía de oreja a oreja. Muchos cuadros de la escuela flamenca de la época, muy atenta a los detalles más ínfimos e íntimos, muestran a mujeres de la nobleza y de la burguesía exhibiendo orgullosas sus rostros sin ningún pelo visible, embutidas en gasas y sombreros de formas y estilos acrobáticos. Una prueba de la importancia que se le daba a la eliminación del vello femenino, es la existencia de estancias acondicionadas en muchos castillos europeos, preparadas sólo para la depilación de las damas, precursoras de nuestras modernas cabinas de depilación láser.

La evolución de la depilación es imparable, la historia ínitma y privada de nuestros antepasados está ahí para recordárnoslo, la depilación láser es sólo la última etapa de una evolución de la historia de la depilación, de nuestros gustos hacia un ideal de salud y bienestar.