Sorprende ver en las pinturas rupestres que se conservan en algunas cuevas prehistóricas perdidas como algunas siluetas de hombres aparecen con la cara cubierta por el vello de la barba, pero otros no. Sus rostros se reflejan en los trazos de las pinceladas bien rasurados. Aquellos hombres eliminaban el vello de su cara con los bordes afilados de piedras de pedernal hábilmente talladas y con las valvas de moluscos convertidas en improvisadas hojas de afeitar. Objetos preciados que conocemos porque llegan a aparecer en el ajuar de los muertos, a veces, bien dispuestos en bolsas de cuero. Preparadas para ser usadas en la otra vida que les esperaba a los fallecidos, para seguir rasurándose en el reino de los cielos. Que las piedras, los moluscos o, posteriormente, las navajas de cobre, se conservaran entre los objetos más preciados y con los que se enterraban a los muertos, no nos hablan más que de la importancia que la depilación voluntaria tenía para estas gentes primitivas. No es la moderna depilación láser actual, pero es el principio de la evolución de la historia de la depilación.
En cuevas utilizadas por gentes del paleolítico inferior hace 20.000 años en Asia y en el norte de África es puede ver la imagen, recortada aplicada con sangre de animales cazados o con finos almagres, de cazadores, arqueros con barba y sin ella, dispuestos a asestar la flecha mortal. Es la representación de personas reales, diferenciadas por su estilo al llevar el carcaj de las flechas y sus gestos para el merodeo, pero también por el modo de cuidar, lo que hoy llamaríamos estética.
Probablemente, la eliminación del vello hace miles de años, alcanzara no sólo al masculino de la cara sino también a todo el que crecía en el cuerpo del hombre y al que ocultaba los genitales de la mujer, como demuestran algunas de las prácticas de eliminación del vello por motivos rituales que conocemos de ciertas culturas primitivas que hemos conocido en tiempos modernos. En realidad, sólo podemos hacer conjeturas sobre las auténticas motivaciones que hicieron que hombres y mujeres primitivos se esforzaran en eliminar el vello que no deseaban en una parte o en la totalidad de su cuerpo. Tal vez fueran ofrendas votivas y, de alguna forma, un ejemplo de respeto hacia sus deidades. Hemos conocido culturas ancestrales que relacionaban la depilación con rituales de purificación.
Resulta curioso como las religiones y su mundo mágico de creencias sobrenaturales acaba adoptando modelos de comportamiento sociales de obligado cumplimiento que, en realidad, si lo miramos bien, representan preceptos para convivencias en armonía, en la que la salud y el respeto al status forman parte importante. Violar esos preceptos es atentar contra la ley divina y su falta de observancia está penada, en el reino de los hombres o en en el de las divinidades.
Así, la depilación ritual podría verse como un precepto religioso que se orienta a la mejora de la convivencia. ¿Cómo?, pues con depilación se elimina la posiblidad de que se instalen en el cuerpo muchos de los insectos que la simple experiencia podía demostrar que podía ser transmisor de enfermedades o, cuando menos, de malestares por su condición parasitaria. La depilación hacía más dificil la propagación de liendres y piojos y los rituales reforzaban el vínculo entre las gentes y entre ellos y la higiene más sencilla. Otra cosa es que, con la evolución del tiempo, y con la sofisticación de las culturas y sus costumbres, la depilación pasara a tener también una connotación erótica y sexual y que se desarrollara alrededor de ella cánones de belleza genuinos que hoy conocemos por las reproducciones griegas o etruscas y aún más antiguas. Ideales de belleza con connotaciones espirituales que seguían estando, aunque de otra manera, en las prácticas de depilación antiguas.
Sea como fuere, por motivos rituales, por higiene, porque lo mandaba la ley religiosa, porque no rasurarse era tabú; las consecuencias son las mismas. Las culturas antiguas, hayan ocupado el espacio geográfico que hayan ocupado, se dedican por igual a la depilación con los medios materiales a su alcance, pero siempre, siempre, con fines idénticos. Y es que la depilación es una práctica cultural, como la comunicación escrita, como la conservación del conocimiento o como la celebración social. Tan sencillo como éso, tan cercano como resulta hoy la depilación láser médica. Son las raíces en las que se hunde la historia de la depilación, una evolución que ha llegado, como un gran legado cultural, hasta la moderna depilación láser que se aplica de forma habitual en los centros de depilación de nuestro país.
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